El silencio de Dios también es una respuesta.

Has orado. Has esperado. Has vuelto a orar. Y nada. No una puerta que se abre. No una señal clara. No esa voz que uno espera escuchar cuando le habla a Dios con el corazón abierto. Solo silencio. Un silencio que a veces se siente tan pesado que uno no sabe si interpretarlo como una respuesta o como un abandono. Y en ese silencio aparece la duda. Esa duda que da vergüenza admitir porque uno siente que un buen cristiano no debería dudar. Pero aparece igual: ¿Está Dios escuchando? ¿Le importo? ¿Hay alguien del otro lado cuando oro? Quiero hablarte de […]
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